julio 16, 2016

Trazos para la imaginación infantil.

Cinco ilustradores revelan sus estrategias para desarrollar las imágenes de los libros destinados a conquistar el gusto de los lectores más pequeños.

Sentirse un poco niño en los distintos momentos de la cotidianidad no solo es una forma de abrirle la puerta a la felicidad, también es una manera de desarrollar el trabajo de un ilustrador de cuentos infantiles. Así lo considera Rosana Faría, reconocida desde hace 26 años por su labor como ilustradora en el segmento editorial infantil.
“El niño interno es el que permite desarrollar la expresión creativa en este campo y en todos los quehaceres de la vida, porque hasta en la ciencia es ese pequeño que llevamos por dentro lo que nos hace posible crear nuevos caminos. De igual forma, es importante saber conectarse con los niños en general”, asevera la autora de las ilustraciones de diversas publicaciones, entre ellas, El libro negro de los colores, escrito por Menena Cottin y diseñado especialmente para niños invidentes.
“Este trabajo de ilustrar es tan metódico en el área de la creación y de la imaginación, como de la investigación y la documentación. Por otra parte, cuando uno recibe un texto es muy importante conectarse con la intención que tuvo el autor al escribirlo y luego con las referencias que en esa historia aparecen. Uno se tiene que sumergir en ese relato para darle vida a sus imágenes”.


Desarrollar imágenes para historias dirigidas al segmento infantil no es un asunto de mucha matemática, sino más bien de corazón, de acuerdo al ilustrador y caricaturista Raymond Torres. “Ilustrar para los más pequeños requiere de saber poner la racionalidad en el lugar que menos moleste, sin extirparla. Además, se debe tener claro que la lógica de un adulto no es la de un niño. Es preciso recordar que, como son pequeñitos y su alma se mantiene pura, ellos ven detalles que a los adultos se nos van olvidando y que suelen ser la esencia de la vida. No se trata de un proceso consciente”, explica este profesional del área, mejor conocido como Ray.
Como ilustrador, a diferencia del artista plástico, se trabaja con tiempos de entrega y el reloj marca el paso. “La experiencia va dando la fluidez necesaria y la conexión precisa con esa zona interna donde se aloja el recuerdo infantil, para que la creatividad se haga presente y así tener capacidad de respuesta de frente al proyecto planteado. A veces, cual cuento de hadas, se requiere de un beso para despertar a la musa. Pero, en el caso de nosotros los ilustradores, le tenemos que dar el beso a nuestra musa nosotros mismos”, afirma este experto poseedor de una trayectoria de más de dos décadas, referencia en este sector profesional en el país.


Es preciso conectarse con el niño interior para realizar ilustraciones para libros infantiles, tal y como lo ve Ricardo Sanabria, profesional con más de 15 años de trayectoria en el área. “Todos los ilustradores coincidimos en eso. Ese pequeño lo tenemos todos por dentro y debe mantenerse vivo. Al meterme en ese papel es cuando empiezo a vincularme con lo que voy a desarrollar. Esto es indispensable para intentar apuntar hacia qué le pudiera gustar a los pequeñitos. Es un proceso complejo, porque es preciso ponerse en los zapatos de un infante y, al mismo tiempo, cumplir con lo que el cliente está pidiendo, que puede ser un cuento dentro de un libro escolar o un cuento más libre. Además, es fundamental tener muchas referencias sobre la historia con la que se está trabajando y esto se encuentra a través de la investigación”, comenta.
Sanabria asegura que quienes elaboran imágenes para cuentos infantiles tienen una serie de cualidades particulares. “Es importante ser dueño de una sensibilidad responsable. También es necesario ese gusto por investigar, en lo que el amor por la lectura es clave. No es buena idea inclinarse por un solo estilo, sino que se debe estar dispuesto a probarlo todo”, señala este hacedor de imágenes, y también periodista e infógrafo.


Para llegar a la mente de un niño no existe un solo camino, hay muchos. Tal es el enfoque del artista plástico e ilustrador Gerald Espinoza, al momento de desarrollar imágenes para cuentos infantiles. “Cuando me dan un texto para el público infantil, que voy a ilustrar, puedo trabajar un poco con el humor. Para lograrlo, exploro los motivos de la risa de los niños y eso me permite conectarme con ellos”.
Espinoza admite esforzarse por recordar aquello que le sucedió cuando era pequeño y que esté enlazado con la historia con la que trabaja. “Si el recuerdo no viene a mi mente, le consulto a mi mamá o a alguna tía si me sucedió algo parecido. De esa forma busco al chiquillo que fui y lo enlazo con lo que estoy haciendo”, expone el autor de los dibujos que ilustran libros como Perro Picado de Reyva Blanco y Disparate de Eugenio Montejo. “También es útil interactuar con los niños de ahora y observar su comportamiento. Ellos aportan otros elementos que podrían faltar en ese proceso creativo, porque no los viví o porque en la actualidad es distinto".


Esperar a la inspiración no es una opción válida. El ilustrador debe encontrar por sí mismo ese estado emocional que le permite llegar a la visión del niño. Por eso, Javier Bravomalo, profesional de este campo desde hace 5 años, se rodea de elementos que pudieran ser del gusto de los más pequeños.
Así comienza a conectarse con el niño que fue para realizar las ilustraciones del relato infantil. “Lo primero que hago es estar claro de qué es exactamente lo que se necesita; es un trabajo y es preciso cumplir con ciertas pautas. Luego, me valgo de música e imágenes infantiles; también veo películas para ese segmento, sobre todo las que disfruté cuando era pequeño. Eso me ayuda a recordar esa etapa de mi vida y a dibujar desde los ojos del niño. Eso sí, ya con el conocimiento de las técnicas del ilustrador y con la responsabilidad de un adulto”, relata este profesional dedicado a tiempo completo a desarrollar imágenes para cuentos y proyectos escolares.
Bravomalo revela que ilustrar para niños es una labor que le ofrece libertad de expresión y mantener el entusiasmo en todo momento. “Hay proyectos en los que las ilustraciones requieren de un proceso tan elaborado y largo, que se corre el riesgo de perder la emoción. Eso no me sucede con aquellas dirigidas al público infantil, porque las técnicas que se usan en estos casos permiten fluir rápidamente”

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